Copa América 2024
La Copa América de 2024 no fue simplemente otra competición entre yates de lujo y regatistas famosos. Celebrada en Barcelona entre agosto y octubre, la 37.ª edición puso de manifiesto hasta qué punto la competición se ha alejado de las regatas convencionales para convertirse en una mezcla de vela, aeronáutica, ciencia de datos y regatas de alta velocidad. El Emirates Team New Zealand acabó reteniendo el trofeo con una contundente victoria por 7 a 2 sobre el INEOS Britannia, pero lo más revelador fue cómo se pilotaron los barcos, a quién se le permitió participar en la competición y lo que el evento sentó como precedente para el próximo ciclo de la Copa.
Para los espectadores que no estén familiarizados con el foiling moderno, la imagen de un monocasco de 75 pies que se desliza sobre el agua a más de 50 nudos podría parecer casi ajena a la vela tradicional. Sin embargo, las habilidades fundamentales seguían siendo reconocibles: leer el viento, proteger el lado preferido del recorrido, controlar al rival y cometer menos errores bajo presión.
Nueva Zelanda convirtió la innovación en una dinastía
El Emirates Team New Zealand llegó a Barcelona como defensor tras sus victorias en Bermudas en 2017 y en Auckland en 2021. Su éxito en 2024 lo convirtió en el primer equipo en ganar tres Copas América consecutivas.
Ese logro va más allá de una velocidad superior del barco. El defensor controla elementos importantes de cada ciclo de la Copa, incluidos aspectos del protocolo y del reglamento de la clase, pero aun así debe diseñar un barco capaz de superar a los aspirantes, que llevan años estudiando sus ventajas anteriores.
El AC75 del equipo neozelandés, el «Taihoro», se diseñó pensando en un vuelo constante, maniobras eficientes y un buen rendimiento en las condiciones variables de Barcelona. Peter Burling, Nathan Outteridge, Blair Tuke y Andy Maloney formaban el equipo principal de regatistas, con el apoyo de un equipo mucho más amplio compuesto por ingenieros, diseñadores, meteorólogos, especialistas en software y personal de tierra.
El resultado final sugería un dominio claro, pero varias regatas estuvieron muy reñidas desde el punto de vista táctico. El INEOS Britannia se convirtió en el primer aspirante británico en décadas en ganar regatas en una eliminatoria de la Copa América, logrando dos victorias consecutivas después de que Nueva Zelanda se hubiera adelantado en el marcador desde el principio. El defensor respondió sin permitir que la contienda se convirtiera en una remontada prolongada.
Esa capacidad para soportar la presión puede haber sido tan importante como el rendimiento en sí mismo. Nueva Zelanda no necesitaba ganar todas las salidas ni ir en cabeza en todas las balizas. Se recuperó una y otra vez gracias a maniobras más limpias, un posicionamiento más sólido y la confianza necesaria para esperar a que surgiera una oportunidad en lugar de forzarla.
La campaña británica supuso un gran avance a pesar de la derrota
Gran Bretaña participó por primera vez en la Copa América en 1851, pero nunca la ha ganado. Por ello, la participación del INEOS Britannia en la regata de 2024 revistió una especial importancia histórica.
Dirigido por Sir Ben Ainslie, el equipo se clasificó para la final tras derrotar al Luna Rossa Prada Pirelli por 7 a 4 en la Louis Vuitton Cup. Este resultado supuso la primera participación de un barco británico en la final de la Copa América desde 1964.
La campaña también puso de manifiesto el valor de la colaboración técnica. INEOS Britannia colaboró con el equipo de Fórmula 1 Mercedes-AMG Petronas, aportando sus conocimientos en aerodinámica, simulación, sistemas de control e ingeniería de alto rendimiento al proceso de diseño.
La relación entre la vela y la Fórmula 1 no es meramente promocional. Ambos deportes implican manejar una máquina altamente regulada al límite de la estabilidad, interpretar grandes cantidades de datos y trasladar los resultados de las simulaciones al rendimiento en la práctica. En ambos casos, una pequeña mejora puede ser el resultado de cientos de decisiones de ingeniería que pasan desapercibidas para el espectador.
El Britannia fue también el barco más rápido registrado durante la competición, al alcanzar los 55,6 nudos. Sin embargo, la velocidad máxima en sí misma no alteró la ventaja general de Nueva Zelanda. El rendimiento en la Copa América depende de la aceleración, la maniobrabilidad, la posición en la regata y la capacidad de mantenerse sobre los foils ante cambios de viento, y no simplemente de la cifra más alta alcanzada en un tramo recto de agua.
Por lo tanto, el resultado de los británicos debe interpretarse tanto como un logro como un proyecto inconcluso. El hecho de llegar a la final demostró que la campaña se había vuelto verdaderamente competitiva. La derrota por 7-2 puso de manifiesto la distancia que aún separa a un rival eficaz de un defensor capaz de controlar todo un ciclo de la Copa.
El AC75 ha cambiado la forma de trabajar de los regatistas
La segunda generación de AC75 utilizados en Barcelona mantuvo el formato de monocasco con foils de gran tamaño introducido para la Copa de 2021. Estos barcos utilizan brazos de foil basculantes para elevar el casco por encima del agua, lo que reduce drásticamente la resistencia.
Una vez en el aire, el AC75 se comporta en parte como un avión. Los regatistas deben controlar la altura de navegación, el cabeceo, la carga del foil y la potencia aerodinámica mientras compiten dentro de unos límites que pueden castigar incluso la más mínima pérdida de control.
Las tripulaciones se reparten entre los dos costados del yate, ya que las grandes velas limitan la visibilidad y la libertad de movimiento. Los timoneles maniobran desde puestos separados a babor y a estribor, por lo que la comunicación es fundamental durante las viradas y las trasluchadas.
La antigua imagen de los marineros moviéndose constantemente por la cubierta ha desaparecido en gran medida en este nivel. Gran parte de la tripulación permanece en cabinas protegidas, manejando los mandos y generando la energía hidráulica necesaria para los sistemas de velas.
Las «Cyclors», que generan energía al pedalear en lugar de mediante el movimiento convencional de los brazos, se convirtieron en otro elemento destacado del enfoque neozelandés. El sistema ya había llamado la atención por primera vez en 2017 y volvió a utilizarse en toda la flota de Barcelona, ya que las piernas pueden producir energía de forma sostenida y eficiente.
Esto no significa que la capacidad atlética haya pasado a un segundo plano frente a la ingeniería. Las tripulaciones trabajan sometidas a un esfuerzo físico considerable, al tiempo que procesan información táctica a una velocidad extraordinaria. Un error que en un yate normal podría suponer una pérdida de varios metros puede traducirse en una pérdida de cientos de metros cuando un AC75 se sale de sus foils.
Las regatas por parejas siguen siendo importantes
Aunque esta tecnología puede hacer que la Copa América se parezca a una prueba de velocidad, la final sigue siendo una regata por parejas entre dos embarcaciones, en lugar de una competición por flotas.
Cada tripulación intenta controlar a la otra antes de la salida, asegurarse la posición más favorable y obligar a su rival a navegar con un viento menos ventajoso. El primer cruce puede determinar qué barco controla la regata, sobre todo en recorridos en los que los límites restringen la libertad táctica.
El uso de los foils altera las consecuencias de estas decisiones. Una embarcación que navega en una zona de turbulencias puede perder potencia aerodinámica y salirse de los foils, lo que convierte una pequeña desventaja en un déficit considerable.
Al mismo tiempo, la velocidad del AC75 reduce el tiempo disponible para reaccionar. Las tripulaciones deben anticiparse a los cambios de dirección y a los cruces antes de que sean visibles para un observador ocasional.
La regata de 2024 demostró que el barco que parece más rápido no gana automáticamente. Nueva Zelanda combinó en repetidas ocasiones una velocidad suficiente con un mayor control táctico, mientras que Gran Bretaña se impuso en ocasiones gracias a unas salidas agresivas y a un mejor rendimiento en ceñida.
Para los espectadores noveles, la forma más útil de seguir una regata no es fijarse únicamente en el indicador de velocidad. Fíjate en qué barco tiene la prioridad para elegir su ruta, cuál se ve obligado a virar primero y si alguno de los dos yates pierde estabilidad durante una maniobra.
El Barcelona ha hecho que la Copa sea más accesible
Barcelona aportó a la competición un ambiente diferente al del evento, más sobrio, celebrado en Auckland durante el ciclo de 2021, marcado por la pandemia.
El acceso a la villa de la regata y a las zonas para aficionados era gratuito, mientras que las regatas podían seguirse desde las playas y los paseos marítimos. La céntrica ubicación de Port Vell situó las bases de los equipos y la infraestructura del evento en uno de los entornos urbanos más visitados de Europa.
Un estudio de impacto económico encargado tras el evento atribuyó a la Copa una actividad económica de más de 1.000 millones de euros y contabilizó 1,8 millones de visitas en las sedes del evento. Estas evaluaciones deben interpretarse siempre con cautela, ya que su metodología puede incluir efectos indirectos e inducidos que no representan ingresos que la ciudad anfitriona retenga de forma permanente.
El propio puerto de Barcelona registró pérdidas económicas relacionadas con el evento, a pesar de las afirmaciones generales sobre los beneficios económicos. Esto pone de manifiesto la diferencia entre la actividad económica de toda la ciudad y el balance de una institución pública concreta.
Quizá el argumento más sólido a favor de la celebración del evento resida en la visibilidad internacional, la dinamización de la zona ribereña y la oportunidad de desarrollar las industrias marítimas locales. No obstante, incluso esos beneficios deben sopesarse con el gasto público, las molestias que conllevan y los usos alternativos que podrían darse a esos mismos recursos.
La celebración de la Copa América no supone automáticamente un beneficio económico extraordinario. Su valor depende de cómo el país anfitrión integre el evento con las infraestructuras existentes, las empresas locales y la política marítima a largo plazo.
La primera Copa América femenina supuso una importante novedad
La primera edición de la Copa América Femenina Puig fue uno de los acontecimientos más trascendentales del ciclo de Barcelona.
Aunque las mujeres ya habían participado anteriormente en equipos de la Copa América, rara vez se les había ofrecido una plataforma competitiva específica vinculada directamente al evento principal. En Barcelona, 12 equipos femeninos compitieron con yates AC40 con foils, y el Luna Rossa Prada Pirelli se impuso al equipo británico Athena Pathway en la final.
El evento permitió a las regatistas acceder al entorno de la navegación de alta velocidad con foils, de donde probablemente surgirán las futuras tripulaciones de la Copa. Esto es importante porque la experiencia en veleros de quilla convencionales no se traduce automáticamente en la capacidad de manejar un AC40 o un AC75 a velocidades extremas.
Una competición femenina independiente no es lo mismo que la integración plena en las tripulaciones principales de la Copa América. La prueba a largo plazo consistirá en comprobar si las regatistas formadas a través del programa avanzan hacia puestos de diseño, entrenamiento y dirección en los principales equipos.
No obstante, la edición de 2024 abrió un camino claro que antes no existía. Para el trofeo deportivo internacional más antiguo, esto supuso una corrección sustancial, más que una simple adición secundaria.
El concurso juvenil ha creado una vía de acceso más directa
La UniCredit Youth America’s Cup también se disputó en embarcaciones AC40, y el equipo juvenil de Luna Rossa se impuso al NYYC American Magic en la final.
Las competiciones juveniles ya existían en ciclos anteriores, pero el formato de Barcelona situó a los jóvenes regatistas dentro del mismo ecosistema técnico que los equipos sénior. Entrenaron en embarcaciones con foils, colaboraron con organizaciones consolidadas y compitieron ante el público de la Copa.
Esa experiencia reviste especial importancia porque los equipos actuales de la Copa América reclutan a sus miembros entre los regatistas olímpicos, las clases profesionales de foiling, los ingenieros y los programas especializados en alto rendimiento. La vía de acceso a la competición ya no se limita a la navegación convencional en embarcaciones de gran eslora.
Las pruebas juveniles y femeninas también ofrecieron regatas de flota más reñidas que el Match principal. Al haber varias embarcaciones compitiendo en el mismo recorrido, los espectadores pudieron presenciar más adelantamientos, atascos e interacciones tácticas.
Para los organizadores que buscan ampliar la audiencia de la Copa, estos eventos pueden resultar tan importantes como un nuevo aumento de la velocidad de los AC75.
Las afirmaciones sobre sostenibilidad deben evaluarse con cautela
Los equipos de la Copa América se definen cada vez más como bancos de pruebas para la tecnología marina sostenible. La edición de Barcelona contó con embarcaciones de apoyo propulsadas por hidrógeno y se asumieron compromisos públicos relacionados con la energía limpia y la protección de los océanos.
Existen argumentos técnicos sólidos que justifican la experimentación. Los materiales ligeros, la eficiencia hidrodinámica, los sistemas de baterías y los sistemas de propulsión alternativos pueden, a la larga, influir en las aplicaciones marítimas comerciales.
La huella medioambiental del evento sigue siendo considerable. Los equipos transportan embarcaciones, equipamiento y personal a nivel internacional, construyen bases temporales y dependen de materiales compuestos con altas emisiones de carbono. Además, un gran número de visitantes se desplaza a la ciudad anfitriona.
Las embarcaciones de apoyo propulsadas por hidrógeno pueden reducir las emisiones durante determinadas operaciones, pero no hacen que la competición en su conjunto sea neutra desde el punto de vista medioambiental. La cuestión relevante es si las tecnologías probadas en la Copa llegan a ser útiles desde el punto de vista comercial y si los organizadores evalúan el impacto total, en lugar de destacar un pequeño número de innovaciones visibles.
Un evento deportivo de alto rendimiento puede contribuir al progreso técnico y, al mismo tiempo, acarrear importantes costes medioambientales. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas.
Lo que el Barcelona ha marcado de cara a la próxima copa
La victoria de Nueva Zelanda le otorgó al defensa el derecho a organizar la 38.ª Copa América, que se celebrará en Nápoles en 2027.
En la próxima temporada se mantendrá el AC75, pero se introducirán cambios técnicos destinados, en parte, a contener los costes y mejorar la participación. El uso de una clase ya consolidada reduce la necesidad de que los equipos tengan que empezar de cero con un concepto totalmente nuevo, aunque las campañas competitivas seguirán siendo extraordinariamente caras.
El sucesor del INEOS Britannia, el GB1, actúa como «Challenger of Record», lo que otorga a la organización británica un papel oficial en la negociación del próximo protocolo con el defensor. Luna Rossa competirá en aguas italianas, lo que aumenta las expectativas en torno a un equipo que ha llegado en repetidas ocasiones a la final sin llegar a ganar el trofeo.
Nápoles ofrece un entorno de navegación diferente al de Barcelona, con regímenes de viento locales y una geografía costera que probablemente influirán en el diseño y el entrenamiento. Los equipos tendrán que determinar qué lecciones aprendidas en 2024 siguen siendo aplicables y cuáles eran específicas de las condiciones mediterráneas de la costa catalana.
La cuestión clave de la competición será si algún rival podrá contrarrestar la ventaja organizativa que Nueva Zelanda ha acumulado a lo largo de tres victorias consecutivas.
Por qué fue importante la Copa de 2024
La Copa América de 2024 no deparó la reñida final que se había augurado en los días previos. Nueva Zelanda se mantuvo claramente superior a la hora de disputarse el trofeo.
Sin embargo, Barcelona supuso una evolución significativa. Gran Bretaña volvió a la regata tras 60 años, los AC75 superaron los 100 kilómetros por hora en competición, las mujeres dispusieron de su primera regata dedicada a la Copa América y a los regatistas jóvenes se les ofreció una vía más clara hacia la generación de los foils.
El evento también puso de manifiesto la tensión constante que rodea a la Copa. Se trata a la vez de una competición náutica y de una carrera armamentística en el ámbito de la ingeniería, de un espectáculo público y de una contienda privada, de un trofeo histórico y de una plataforma tecnológica experimental.
Esa tensión forma parte de su encanto. La Copa América perdura no porque conserve la vela tal y como era en 1851, sino porque a cada defensor se le permite redefinir cómo debe ser la forma más rápida y avanzada de regata por equipos.
La respuesta de Barcelona fue una competición en la que los barcos volaban, el software y la simulación determinaban el rendimiento, y la combinación de la solidez técnica y la intuición competitiva de Nueva Zelanda seguía siendo inigualable. Nápoles tendrá ahora que decidir si esa dinastía puede romperse por fin.
