Lo que cambió la Copa América de 2024
La Copa América siempre ha sido una competición deportiva atípica. Se trata de una regata regida en parte por la tradición, en parte por negociaciones privadas y en parte por una competición de ingeniería en la que el barco puede ser tan importante como la tripulación.
La edición de 2024 de Barcelona llevó esa fórmula aún más lejos. Los yates AC75 no se desplazaban por el agua en el sentido convencional. Una vez alcanzada la velocidad suficiente, se elevaban sobre los hidroalas y navegaban por encima de ella, convirtiendo una regata fundada en 1851 en una competición marcada por la aerodinámica, el software, la simulación y la ingeniería de precisión.
La 37.ª Copa América se celebró en Barcelona entre agosto y octubre de 2024. El Emirates Team New Zealand acabó imponiéndose al INEOS Britannia por 7 a 2 en la final, convirtiéndose así en el primer equipo en ganar tres ediciones consecutivas de la competición.
Ese resultado confirmó el dominio de Nueva Zelanda. Sin embargo, la importancia más amplia del evento radicó en lo que ocurrió en torno a las regatas: Gran Bretaña regresó a la Copa América tras una ausencia de 60 años, se introdujo una competición femenina, Barcelona convirtió la regata en un gran evento urbano en el paseo marítimo y la tecnología dio un paso más allá de la navegación convencional.
¿Por qué seguimos hablando de 2024?
En 2026 no se celebró ninguna regata de la Copa América.
La competición no se celebra anualmente ni sigue un calendario fijo de cuatro años al estilo olímpico. La fecha se determina tras cada edición mediante negociaciones entre el club náutico defensor y el «Challenger of Record».
La 37.ª edición se disputó en Barcelona en 2024. La próxima edición, la 38.ª Copa América, está prevista en Nápoles en la primavera y el verano de 2027. Italia fue anunciada oficialmente como país anfitrión en mayo de 2025.
La posible confusión se debe a que el camino hacia Nápoles incluye regatas y preparativos a lo largo de 2026. Está prevista una regata preliminar oficial en Cagliari del 21 al 24 de mayo de 2026, como parte del “Camino hacia Nápoles 2027”. Además, los equipos están probando embarcaciones, entrenando a las tripulaciones y desarrollando nuevos diseños. Se trata de eventos preparatorios, no de la propia competición de la Copa América.
Por ese motivo, un artículo que trate sobre la competición de Barcelona ya finalizada debería hacer referencia a la Copa América 2024 o el 37.ª Copa América. Un artículo con visión de futuro debería centrarse en el Copa América de 2027 en Nápoles, y se describe el año 2026 como parte del periodo de desarrollo y de regatas preliminares.
La vela se ha convertido en una carrera de ingeniería
La novedad más destacada en Barcelona fue la segunda generación del AC75, un monocasco de 75 pies con alas de elevación presentado por primera vez con motivo de la Copa América de 2021.
Los yates tradicionales de desplazamiento empujan sus cascos a través del agua. Los AC75 utilizan grandes alas para generar sustentación, lo que permite que la mayor parte del casco se eleve por encima de la superficie. Al tener menos resistencia, estas embarcaciones pueden superar los 50 nudos en condiciones adecuadas.
Esto cambia la naturaleza de la competición.
Los regatistas siguen necesitando criterio táctico, resistencia física y la capacidad de interpretar los cambios de viento. Sin embargo, su rendimiento depende de un complejo proceso técnico en el que participan arquitectos navales, aerodinamicistas, ingenieros de software, analistas de datos y especialistas en materiales.
Los equipos simulan miles de variaciones de diseño antes de fabricar un componente. Los sensores recogen datos sobre la posición de la aleta, la forma de la vela, la presión hidráulica, el viento y el movimiento de la embarcación. Los simuladores permiten a las tripulaciones practicar maniobras y probar configuraciones antes de que el yate se lance al agua.
La ventaja ya no se consigue gracias a un único invento revolucionario, como la quilla alada que ayudó al Australia II a poner fin a la racha de 132 años de victorias del New York Yacht Club en 1983. Se consigue mediante pequeñas mejoras en el diseño de los foils, los sistemas de control, el ajuste de las velas, la coordinación de la tripulación y el software.
Un giro ligeramente más eficaz puede permitir conservar la velocidad suficiente para mantener la embarcación sobre sus hidroalas. Una maniobra mal ejecutada puede hacer que vuelva a caer al agua, lo que supondría una desventaja que podría resultar imposible de recuperar durante una regata corta.
Nueva Zelanda ha convertido la tecnología en fiabilidad
El Emirates Team New Zealand llegó a Barcelona como defensor del título y, por lo tanto, pasó directamente a la final de la Copa América. Los cinco aspirantes compitieron primero en la Louis Vuitton Cup para determinar quién se enfrentaría a él.
El INEOS Britannia derrotó al Luna Rossa Prada Pirelli en la final de los aspirantes, lo que supuso para Gran Bretaña su primera clasificación en una regata de la Copa América desde 1964. Este logro tuvo un gran significado histórico: aunque la regata original se disputó contra una flota de yates británicos en 1851, Gran Bretaña nunca había ganado el trofeo.
La final pareció, en un primer momento, más reñida de lo que sugiere el marcador de 7-2. El INEOS Britannia ganó dos regatas y demostró que, en las condiciones adecuadas, podía poner en aprietos al defensor.
No obstante, Nueva Zelanda demostró ser más constante ante los cambios de viento y de estado del mar. Su ventaja no radicaba únicamente en la velocidad pura. El equipo combinó un manejo fiable de la embarcación con decisiones tácticas acertadas y evitó las pérdidas prolongadas de los foils que pueden resultar decisivas en las regatas modernas de la Copa América.
Su victoria del 19 de octubre de 2024 supuso su tercer triunfo consecutivo, tras las victorias en Bermudas en 2017 y en Auckland en 2021.
La secuencia es importante porque el éxito en la Copa América es difícil de mantener. Las normas, las sedes y los requisitos técnicos pueden cambiar de una edición a otra. Los equipos deben conservar los conocimientos adquiridos al tiempo que reconstruyen los barcos, el software y los sistemas de navegación para una competición diferente.
Por lo tanto, la verdadera ventaja de Nueva Zelanda podría ser de carácter organizativo: la capacidad de mantener una cultura de ingeniería de alto rendimiento a lo largo de varias campañas.
La Copa América femenina fue algo más que un evento secundario
Barcelona también acogió la primera edición de la Copa América Femenina Puig, disputada con veleros más pequeños del tipo AC40 con foils.
El objetivo del evento era crear una vía más creíble para que las regatistas pudieran acceder a una competición en la que, históricamente, las tripulaciones de regata principales han estado compuestas en su gran mayoría por hombres. Esto permitió a las mujeres entrenar en simuladores y competir en el mismo entorno de alta velocidad con foils que utilizan los principales equipos de la Copa América.
Luna Rossa Prada Pirelli ganó la primera edición de la competición.
La prueba a largo plazo consistirá en ver si este evento influye en la selección de tripulantes para los equipos principales, en lugar de quedarse en una competición paralela. Ya hay primeros indicios de cambio. El reglamento de la edición de 2027 exige que haya al menos una mujer en la tripulación de cada AC75, mientras que la campeona olímpica Jo Aleh ha sido nombrada para ocupar un puesto como regatista en un equipo principal.
Eso no resuelve el problema más general del acceso a la vela. Las campañas de la Copa América siguen siendo costosas, requieren conocimientos técnicos especializados y se concentran en un reducido número de países y redes profesionales.
Pero el Barcelona ha abierto un camino que antes no existía a este nivel. Su valor se medirá en función de si las mujeres pasan de la competición independiente a ocupar puestos de diseño, liderazgo y competición en futuras campañas.
Las afirmaciones sobre sostenibilidad deben contextualizarse
Los organizadores también presentaron «Barcelona 2024» como una plataforma para la tecnología marina más limpia.
Los equipos utilizaron embarcaciones de seguimiento que funcionaban con combustibles más sostenibles, entre ellas embarcaciones de apoyo propulsadas por hidrógeno diseñadas para seguir a los AC75 a gran velocidad. El «Chase Zero» del Emirates Team New Zealand, por ejemplo, utilizaba dos pilas de combustible de hidrógeno para obtener la mayor parte de su energía.
Se trata de un experimento de ingeniería relevante. Las embarcaciones de apoyo deben desplazarse rápidamente y recorrer distancias considerables, lo que las convierte en una prueba exigente para los sistemas de propulsión alternativos.
Sin embargo, sería exagerado describir la Copa América en sí misma como respetuosa con el medio ambiente. La construcción de yates de regata con altas emisiones de carbono, el transporte internacional de equipos y material, y la organización de un gran evento deportivo mundial conllevan un coste medioambiental.
La afirmación más contundente es que el concurso puede servir de entorno de desarrollo para tecnologías que más adelante podrían tener aplicaciones marinas más amplias.
La innovación en la Copa América ha ido más allá de las regatas a lo largo de la historia, sobre todo en lo que respecta a los materiales compuestos, el diseño de las velas, el análisis meteorológico y la hidrodinámica. Que las embarcaciones de seguimiento propulsadas por hidrógeno generen un impacto similar dependerá del coste, la disponibilidad de combustible, el almacenamiento y la fiabilidad comercial, más que de su visibilidad durante una sola regata.
El Barcelona consiguió algo más que un espectáculo
A diferencia de las regatas en alta mar, la competición de 2024 se celebró cerca del paseo marítimo urbano de Barcelona. Las bases de los equipos se ubicaron en los alrededores del Port Vell, mientras que los equipos juveniles y femeninos se instalaron en el Port Olímpic.
Un estudio posterior al evento, realizado por la Universidad de Barcelona y la Fundación Barcelona Capital Nàutica, estimó que el evento generó un impacto económico positivo de 1.034 mil millones de euros para Barcelona y Cataluña. La cifra incluye la actividad directa, indirecta e inducida, y debe entenderse como una estimación del impacto económico, más que como ingresos en efectivo percibidos por la ciudad.
Estos estudios merecen un análisis minucioso. Los grandes eventos suelen generar previsiones optimistas basadas en hipótesis sobre el gasto turístico, la actividad económica adicional y la creación de empleo. Es posible que algunos visitantes simplemente sustituyan a otros viajeros que, de otro modo, habrían acudido a la ciudad, mientras que el gasto público y las molestias que se generan también tienen un coste.
No obstante, Barcelona contaba con ventajas estructurales como sede.
Ya contaba con un sólido mercado turístico, conexiones de transporte internacionales, una zona costera consolidada e industrias marítimas capaces de dar apoyo a los equipos. Por lo tanto, el evento podía aprovechar y potenciar una economía urbana ya existente, en lugar de intentar crear un destino náutico partiendo de cero.
El rendimiento a largo plazo dependerá de si las infraestructuras, los conocimientos técnicos y la inversión en la zona ribereña siguen siendo útiles una vez que los equipos se hayan marchado.
El Nápoles se enfrenta a una competición más exigente
La 38.ª Copa América se celebrará en Nápoles en 2027, siendo esta la primera vez que el evento tiene lugar en Italia.
El AC75 seguirá siendo el principal velero de competición, pero las normas de la clase han seguido evolucionando. La próxima edición introducirá cambios que incluyen la figura del regatista invitado y requisitos para que las embarcaciones de seguimiento tengan menores emisiones y funcionen con baterías, hidrógeno o biocombustibles.
Nápoles también se enfrenta a mayores expectativas.
Las embarcaciones deben seguir siendo tecnológicamente punteras, al tiempo que ofrecen regatas que los espectadores puedan entender. El programa para las mujeres debe conducir a una participación significativa. Las afirmaciones sobre sostenibilidad requerirán pruebas que vayan más allá de las embarcaciones de demostración. La ciudad anfitriona deberá demostrar que el valor público va más allá del patrocinio de lujo y del turismo temporal.
La Copa América ha sobrevivido porque nunca ha sido una competición exclusivamente de vela. Es una contienda en torno a las normas, el diseño, el dinero, la ambición nacional y el control de la próxima edición.
Barcelona 2024 no resolvió la tensión entre tradición y tecnología. Demostró que esa tensión es ahora el principal atractivo de la competición. Puede que los barcos se parezcan cada vez más a aviones, pero la pregunta más antigua de la competición sigue siendo la misma: ¿quién es capaz de interpretar las reglas de forma más inteligente que los demás?
